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En torno al S. VIII a. C. se produce un hecho
fundamental en la Prehistoria de la Península Ibérica
en el establecimiento de las primeras colonias fenicias en el
litoral andaluz, intensificando el intercambio cultural, que estos
comerciantes del Mediterráneo oriental venían manteniendo
con la Península Ibérica desde el Bronce Final
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En la mitad septentrional de la Península
se desarrolla la cultura de los Campos de Urnas, de origen centroeuropeo,
y que caracterizaría, entre otros elementos, por la necrópilis
de incineración. Todavía durante este período
el metal característico es el bronce que alcanza en este
momento un altísimo nivel técnico.
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Por otra parte, la colonización del litoral
levantino por los griegos de Focea a partir del S. VI a. C., acelerará
la transformación socioeconómica de los pueblos
indígenas del Levante y la meseta meridional, que junto
con la herencia del mundo tartésico darán lugar
a la formación de la cultura ibérica que caracteriza
la Segunda Edad del Hierro en gran parte de la Península.
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Fenicios y griegos aportan a los puebles peninsulares
el conocimiento de la moneda, la escritura, el torno alfarero,
el hierro, etc
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Los poblados ibéricos, generalmente en
lugares altos, suelen estar fortificados y denotan una clara jerarquización
social con un cierto reparto de los trabajos que permite la existencia
de excedentes indispensables en una organización jerarquizada.
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Sus necrópolis de incineración también
reflejan la existencia de una sociedad fuertemente jerarquizada,
como se desprende de los diferentes tipos de tumbas -incineraciones
en hoyo, túmulos de diferentes tipos entre los que cabe
destacar los de tipo principesco o los monumentos turriformes
tipo Pozo Moro. También está presente la existencia
de jefaturas militares como parecen indicar las representaciones
a caballo que se encuentran en las mismas tumbas formando porte
de las cubiertas tumulares
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La cultura ibérica conocerá un gran
esplendor en la meseta sur y cada vez son más los datos
que conocemos sobre esta cultura en la provincia de Ciudad Real
como lo demuestran yacimientos de la importancia del cerro de
las Cabezas de Valdepeñas, o Alarcos en Ciudad Real.
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